Y allí estaba yo

Foto-poesia 4 – Aportaciones a las fotografías de mi buen amigo Hopes.

Y ALLÍ ESTABA YO

Jimena se levantó pronto, no podía aguantar más en aquella cama testigo de sus más secretos y húmedos sueños. La tenue luz que se colaba por entre los quicios de la persiana le hacía recordar quién era, qué era y por qué estaba allí en aquella cama; sola.

Hoy no era un día cualquiera, hoy era ‘el Día’, toda una vida de encuentros furtivos, toda una vida de momentos robados a la rutina y la cotidianeidad. Esos jueves anhelados. No conseguía recordar desde cuándo era así. No podía poner fecha al comienzo de aquella situación. Sí recordaba, por el contrario, el ritmo acelerado de su corazón cuando sintió por primera vez que alguien la observaba desde el otro lado de la habitación, cuando sentía que sus pasos por entre aquél juego de claroscuros eran repetidos por una sombra a la que no conseguía visionar. Recordaba su miedo, su pulso acelerado, su inquietud y aquella extraña sensación de gusto por el juego. Recordaba cómo al jueves siguiente era ella quien buscaba aquella sombra, quien a hurtadillas intentaba reconocer a quien le observaba desde la oscuridad.

Aún tiemblan sus manos cuando recuerda cómo sintió por primera vez aquél susurrar masculino tras de sí. Ella intentaba encender aquellas velas una vez más, velas para el recuerdo, para mantener vivo el recuerdo de sus seres más amados que partieron ya. Y él, ayudándole a encender una nueva. “Esta será la nuestra” le susurró con aquella voz turbadora y varonil. “Esta no la podemos dejar morir. Seremos los encargados de mantenerla viva para siempre”.

Y así desde hacía ya más de veinte años se encontraban todos los jueves, en aquella sala, confundiéndose entre los demás, encendiendo ‘su vela’ y jugando a ser los únicos habitantes del planeta durante esas apenas tres horas que compartían allí.
Toda la semana avanzaba lenta, tediosa, hacia esa tarde anhelada. Hacia ese momento de comunión.

Jimena, lo sabía, hoy se sentía preparada. Hoy era ‘el día’. Llevaban ya años explorando cada vez un poco más de aquél enorme edificio. Aquel inicial juego de persecución a hurtadillas se había ido, poco a poco, convirtiendo en una huida buscada y deseada por ambos. Esperaban el momento en el que aquel anciano guarda sacaba su manzana para merendar. Aquel hombre, pieza clave de su historia, aquel testigo cómplice de sus huidas por las salas prohibidas. Aquellos ojos ciegos que supieron ver más allá de aquel hombre y aquella mujer, aquél hombre que con su pulcra quietud supo concederles la oportunidad que la vida les había negado. Aquél que llegada la hora del cierre gustaba de acercarse a la sala donde ellos estuvieran y simplemente toser… recordándoles que el día se acababa, que tocaba volver a la realidad.

Aquellas salas centenarias, aquellas paredes que tantos pasajes de la historia del país habían albergado, se habían convertido en los últimos años en el escenario en donde Jimena y aquél extraño desconocido vestido de azul, habían ido descubriendo sus cuerpos. Donde tuvo lugar aquel primer beso, entre miedos, manos temblorosas y cuerpos abiertos al deseo. Aún recordaba el guarda aquél momento mágico, en el que él, oculto tras la puerta gris del fondo, pudo contemplar cómo aquel hombre acertó con sus temblorosas manos a retirar el velo de Jimena y cómo sus labios se llamaban. Cómo aquél instante de fusión iluminó aquella sala oscura, cómo las manos del hombre recorrían con una perfecta mezcla de miedo y deseo cada uno de los centímetros del cuerpo de Jimena.
Y él entonces se retiró, como siempre, dejándoles estar, dejándoles compartir aquellas escasas horas, sabiéndose creador por un momento. Sabía que él no era sino un simple guarda y custodio de aquél edificio… pero también sabía que con su actitud y su silencio había contribuido a crear aquella bella historia de Amor.

Y hoy era ‘El Día’, hoy Jimena daría un paso y le pediría al extraño hombre de azul que su historia saliera de las sombras, que quería vivirla en la luz, que quería gritarle al mundo que su vida se había iluminado y que no estaba dispuesta a dormir sola en aquella cama nunca más.

Hoy era el día y por eso Jimena busco la luz del ventanal, hoy quería ver su cara, hoy eligió otro grupo de velas…porque a partir de hoy encenderían juntos una nueva llama en sus vidas; “ La llama del Amor vivido en Libertad”.

                                                                                                            Ane08

 

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Y allí estaba yo 

Y allí estaba yo otro jueves más.
Esperando, disimulando, observando a los demás
Contando los minutos que aún quedaban para verte
Entre luces y sombras, ante el paso de la Humanidad.

Y ahí estaba yo, impávida, en mi otoñez, esperándote
Allí, confundiéndome entre los curiosos y devotos
Allí, digna y segura; ahora sí, ahora ya no temía a nada
Sólo esperaba poder disfrutar de ti

Aquellas llamas en movimiento
Aquellas velas que se iban consumiendo
Plasmaban nuestras vidas a la perfección:
¡Nada ni nadie consiguió extinguir la llama de nuestra pasión!
Ane08

 



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2 comentarios en “Y allí estaba yo

  1. ¡Bravo,sobrina sigue así!Te felicito por tus entradas al blog que son estupendas.Me tienes que enseñar a diseñar mi blog que lo tengo muy abandonado y es una birria en comparación con este.Un beso de tu tío Juan.-

  2. Gracias tio… siempre es un placer recibir comentarios, cuanto más si son positivos… y si ya son de alguien como tú que domina el arte de las letras… a una le hace sacar los colores….¡¡Dos besos para ti, tío!!

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