Nubia

Foto-poesía 6 – Aportaciones a las fotografías de mi buen amigo Hopes.

Nubia

Un pueblo de gran belleza
Fuente de cultura y tradición
De tierras cedidas a la realeza
Para evitar así su invasión.

Trece años; segundo tras segundo
Se viven como una eternidad
Viendo pasar otro mundo
Sin a él poderse incorporar.

Por qué maldita cultura
No me dejas ni soñar
Quitándome horas a la noche
Obligándome aquí a estar.

La luz lo impregna todo
Desde el alba hasta el dormitar
Ofreciéndome continuas visiones
Que a mi alcance jamás estarán.

Hoy me duelo más que nunca,
Hoy el tedio se apropió de mí,
Hoy debo sucumbir a esta vida
Pues hoy…, hoy vinieron ya por mí.

Acordaron mi muerte en vida,
Entregándolo ya sin más;
Este cuerpo que me atrapa,
A un adulto viudo ya.

Lágrimas de sangre brotan solas
De mi corazón lacerado por amor
Aquel muchacho que anhelaba
Jamás a mi lado dormirá.

Cargaré sobre mis espaldas
A los hijos de la imposición
Dejando que se malogren
Todos los frutos soñados del Amor.

Y, aquí espero mi suerte,
Segundo tras segundo una vez más,
Mientras ellos, adultos todos,
Tras la puerta, con mi cuerpo, negocian ya.
Ane08

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Despertar a la vida

Foto-poesia 5. Aportaciones a las fotografías de mi buen amigo Hopes.

DESPERTAR A LA VIDA

S

e levantó temprano, quería disfrutar de ese momento sola, sin el ajetreo de guías, turistas, mendigos…
Hacía mucho tiempo, demasiado tiempo, que quería hacer ese viaje, sabiendo que lo haría, esperando a que su marido, su familia, sus amigas… se decidieran a acompañarle. O tal vez lo que esperaba era a que fuera SU momento, a estar preparada para sentirse cómo se sentía.

Era su primer día en aquel intrigante lugar, sus ganas de descubrirlo todo, vivirlo todo, absorberlo todo… su sensación de comunión con todo lo que le rodea, no la dejaba dormir y, de repente, sola ante el despertar de la vida, se sentía serena. A cualquier otro madrugador, aquel amanecer le hubiera parecido similar a miles de amaneceres que se repiten a diario en otros tantos rincones del mundo; pero ella sabía que era único.

Le rodeaban sonidos, olores, colores muy diferentes de los que había oído, sentido, visto a lo largo de toda su vida. ¿Por qué entonces sentía como si volviera a casa?, ¿Por qué sentía esa calma, esa serenidad del que al fin encuentra lo que, sin saberlo, buscó siempre? Respiró hondo, cerró los ojos y empezó a cantar. Se sorprendió de estar entonando una melodía que no recordaba haber aprendido.

Se sorprendió aún más cuando fue consciente de que su canto tenía como coro un ajetreado ir y venir de voces. Voces todas ellas alteradas, grata e indefiniblemente excitadas por aquella melodía que ella parecía dominar a la perfección.

Lucía quería abrir sus ojos y contemplar todo aquél barullo de gente que sentía y percibía a su alrededor, más algo le impedía hacerlo. Sentía miedo. Inexplicablemente sentía un miedo atroz a abrir sus ojos y contemplar aquella realidad de la que ella había decidido aislarse…

Quiso tomarse su tiempo, acallar la prisa de sus ojos, ser consciente de cada una de las sensaciones que sus otros sentidos iban percibiendo. Así descubrió aquellas voces que quiso dejar rápidamente en un segundo plano ya que le ‘distraían’ en su descubrir.

Se dio cuenta de que si se concentraba y aspiraba con tranquilidad podía olfatear entre todos aquellos olores extraños y asépticos un aroma familiar. No era a ningún perfume, tampoco correspondía a un alimento u objeto concreto…, era una mezcla de sensaciones las que se le agolpaban en el cerebro al intentar discernirlo. Sí, era él, sin duda alguna, estaba allí, lo podía oler, era ‘su’ olor, su marca personal, ese olor que personal que hace que una mujer reconozca a su hombre de entre varios. No quiso detenerse más en él, quería entregarse al placer de ir siendo consciente de cada uno de esos sentidos acallados por años y la mera sospecha de su presencia la descentraba en sus descubrimientos.

Probó a tragar saliva, quería saber qué percibía a través del gusto… y se dio cuenta, por primera vez, de que había algo extraño que dificultaba tal acción, algo con una textura extremadamente lisa y cuyo sabor no acertaba a recordar. Qué le ocurría, por qué no podía realizar con libertad la mecánica acción de tragar saliva…

Lucía comenzó a inquietarse, a sentir cierto desazón dentro de sí. Desazón que se vio acompañada de manera simultánea por una agitación de todas aquellas voces que ella había decidido dejar en segundo plano.

-“No, no voy a dejar que el descontrol se apodere de nuevo de mí. Voy a dominar mi duda. Voy a centrarme en mi sentido del tacto, quiero palpar aquello que tengo a mi alrededor”.

Entonces…Lucía fue consciente de que se encontraba en posición horizontal. Por qué. Qué hacía ella tumbada. Dónde estaba. Intentó centrar todo su ser en las terminaciones nerviosas de todo su cuerpo y temblorosamente inició un movimiento de palpación con su mano diestra.
Suavemente…sin apenas cambio de lugar, quería concentrarse en aquello que sus dedos rozaban… Qué era, qué sensación desconocida…era líquida quizás lo que se movía bajo sus dedos…, no, no podía ser ya que a la vez que percibía el movimiento suave y rítmico del líquido era consciente de que había una superficie rígida y cálida sobre ello. Qué era aquello. Desconcierto y confusión querían volverle a ganar la batalla a su control.

Fue entonces cuando Lucía concedió a sus ojos el protagonismo que éstos le reclamaban desde hacía ya rato. Ellos se presentaban como los únicos capaces de interpretar y dar sentido a todo aquel caos que se iba haciendo sitio en su interior. Lucía recordaba haber querido huir, aislarse en ‘Su’ viaje al margen de su marido, amigos y familia. Recordaba haberse querido conceder aquél viaje a su interior…Recordaba haber alquilado aquél frágil barquito en Luxor precisamente porque se identificó rápidamente con él. Sintió que en él y con él sería más sencillo llegar a ese estado de comunión que ella anhelaba, a ese despertar a la vida que había motivado aquél viaje. Recordaba también haberlo detenido en la mitad del Nilo, en aquel precioso amanecer. Recordaba haberse levantado a las tres de la madrugada, haberse puesto aquel precioso y liviano vestido blanco que a él tanto le gustaba y haberse perfumado con el perfume de almizcle comprado en los mercados callejeros la tarde anterior. No había sido capaz de desayunar, no a aquellas horas, prefería sentir el vacío en su interior de una manera física, ella se sabía en busca de aquella catarsis interior y quería provocarla como fuera.
Aquellos destellos de un sol naciente provocaban una visión casi celestial, provocaba en ella la reflexión. Esos juegos de luz y oscuridad, esos contraluces tan presentes en su vida, esa necesidad de moverse siempre a media luz, evitando ser el centro, el foco de luz central de nada ni de nadie….
Allí estaba ella, Lucía, sola en medio de la grandeza de ese río. Sola, como en la mayor parte de los acontecimientos importantes de su vida. Rodeada de aquella orografía horadada por el paso de la historia, Historia escrita a través de la vida de actores anónimos que fueron forjando una manera de vivir y entender el mundo.
Y, allí estaba ella, sintiéndose infinitamente pequeña ante tanta grandiosidad, buscando la claridad que le faltaba en sus días para decidir. Decidir si firmaba su propia historia o iba a conformarse con seguir siendo una actriz secundaria en el guión de su propia vida.

Y, entonces ocurrió, Lucía abrió sus ojos, con lentitud, los abrió animada por aquel calor que percibía de aquella fuente de luz que ella identificaba con aquel sol incipiente de aquel amanecer. Lucía fue poco a poco acostumbrando sus ojos intentando adivinar de nuevo la silueta de aquellas montañas viejas, de aquel agua que hacía las veces de espejo a aquel sol madrugador…más lo que encontró fue la fría luz blanca de aquella sala de hospital.

El revoloteo que escuchaba de fondo era el equipo médico maravillado ante su ‘despertar a la vida’ tras aquellos 3 meses de coma profundo en el que había entrado tras el golpe recibido al resbalar en aquel barco. Ella intentó dibujar en el aire la silueta del rayo de sol cuando resbaló y dio con su cabeza en el fondo.
Y… allí estaba él, junto a quien reconocía como su marido. Aquel hombre cuyo olor había identificado entre todo el barullo de gente, aquel enfermero que le había dedicado cada minuto libre de los últimos tres meses, aquél que le leía poesías y le cantaba aquella melodía que ella comenzó a entonar con sonidos guturales aquella tarde.

No había duda alguna, no lo había visto antes, pero era él. Su sonrisa se lo confirmó:

 

“Había despertado a la vida”

 

Ane08

 



Y allí estaba yo

Foto-poesia 4 – Aportaciones a las fotografías de mi buen amigo Hopes.

Y ALLÍ ESTABA YO

Jimena se levantó pronto, no podía aguantar más en aquella cama testigo de sus más secretos y húmedos sueños. La tenue luz que se colaba por entre los quicios de la persiana le hacía recordar quién era, qué era y por qué estaba allí en aquella cama; sola.

Hoy no era un día cualquiera, hoy era ‘el Día’, toda una vida de encuentros furtivos, toda una vida de momentos robados a la rutina y la cotidianeidad. Esos jueves anhelados. No conseguía recordar desde cuándo era así. No podía poner fecha al comienzo de aquella situación. Sí recordaba, por el contrario, el ritmo acelerado de su corazón cuando sintió por primera vez que alguien la observaba desde el otro lado de la habitación, cuando sentía que sus pasos por entre aquél juego de claroscuros eran repetidos por una sombra a la que no conseguía visionar. Recordaba su miedo, su pulso acelerado, su inquietud y aquella extraña sensación de gusto por el juego. Recordaba cómo al jueves siguiente era ella quien buscaba aquella sombra, quien a hurtadillas intentaba reconocer a quien le observaba desde la oscuridad.

Aún tiemblan sus manos cuando recuerda cómo sintió por primera vez aquél susurrar masculino tras de sí. Ella intentaba encender aquellas velas una vez más, velas para el recuerdo, para mantener vivo el recuerdo de sus seres más amados que partieron ya. Y él, ayudándole a encender una nueva. “Esta será la nuestra” le susurró con aquella voz turbadora y varonil. “Esta no la podemos dejar morir. Seremos los encargados de mantenerla viva para siempre”.

Y así desde hacía ya más de veinte años se encontraban todos los jueves, en aquella sala, confundiéndose entre los demás, encendiendo ‘su vela’ y jugando a ser los únicos habitantes del planeta durante esas apenas tres horas que compartían allí.
Toda la semana avanzaba lenta, tediosa, hacia esa tarde anhelada. Hacia ese momento de comunión.

Jimena, lo sabía, hoy se sentía preparada. Hoy era ‘el día’. Llevaban ya años explorando cada vez un poco más de aquél enorme edificio. Aquel inicial juego de persecución a hurtadillas se había ido, poco a poco, convirtiendo en una huida buscada y deseada por ambos. Esperaban el momento en el que aquel anciano guarda sacaba su manzana para merendar. Aquel hombre, pieza clave de su historia, aquel testigo cómplice de sus huidas por las salas prohibidas. Aquellos ojos ciegos que supieron ver más allá de aquel hombre y aquella mujer, aquél hombre que con su pulcra quietud supo concederles la oportunidad que la vida les había negado. Aquél que llegada la hora del cierre gustaba de acercarse a la sala donde ellos estuvieran y simplemente toser… recordándoles que el día se acababa, que tocaba volver a la realidad.

Aquellas salas centenarias, aquellas paredes que tantos pasajes de la historia del país habían albergado, se habían convertido en los últimos años en el escenario en donde Jimena y aquél extraño desconocido vestido de azul, habían ido descubriendo sus cuerpos. Donde tuvo lugar aquel primer beso, entre miedos, manos temblorosas y cuerpos abiertos al deseo. Aún recordaba el guarda aquél momento mágico, en el que él, oculto tras la puerta gris del fondo, pudo contemplar cómo aquel hombre acertó con sus temblorosas manos a retirar el velo de Jimena y cómo sus labios se llamaban. Cómo aquél instante de fusión iluminó aquella sala oscura, cómo las manos del hombre recorrían con una perfecta mezcla de miedo y deseo cada uno de los centímetros del cuerpo de Jimena.
Y él entonces se retiró, como siempre, dejándoles estar, dejándoles compartir aquellas escasas horas, sabiéndose creador por un momento. Sabía que él no era sino un simple guarda y custodio de aquél edificio… pero también sabía que con su actitud y su silencio había contribuido a crear aquella bella historia de Amor.

Y hoy era ‘El Día’, hoy Jimena daría un paso y le pediría al extraño hombre de azul que su historia saliera de las sombras, que quería vivirla en la luz, que quería gritarle al mundo que su vida se había iluminado y que no estaba dispuesta a dormir sola en aquella cama nunca más.

Hoy era el día y por eso Jimena busco la luz del ventanal, hoy quería ver su cara, hoy eligió otro grupo de velas…porque a partir de hoy encenderían juntos una nueva llama en sus vidas; “ La llama del Amor vivido en Libertad”.

                                                                                                            Ane08

 

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Y allí estaba yo 

Y allí estaba yo otro jueves más.
Esperando, disimulando, observando a los demás
Contando los minutos que aún quedaban para verte
Entre luces y sombras, ante el paso de la Humanidad.

Y ahí estaba yo, impávida, en mi otoñez, esperándote
Allí, confundiéndome entre los curiosos y devotos
Allí, digna y segura; ahora sí, ahora ya no temía a nada
Sólo esperaba poder disfrutar de ti

Aquellas llamas en movimiento
Aquellas velas que se iban consumiendo
Plasmaban nuestras vidas a la perfección:
¡Nada ni nadie consiguió extinguir la llama de nuestra pasión!
Ane08

 



Reivindicación

 
Foto-poesía 3- Aportación a las fotografias de mi buen amigo Hopes.
 
 
 

Reivindicación

¡Fuera!, ¡Marchaos!, ¡¡Dejadme ya malditos!!
No sigáis torturándome con vuestras miradas
No me recriminéis una vez más el Amar;
¿Acaso vosotros no sentís el calor de Pasión?
¿Acaso no sufristeis nunca por Amor?

Vuestras miradas me incriminan
Vuestras palabras me quieren herir
Más, lo siento; no se puede dañar
A quien desangrándose ya está.

Visto de color y pinto mi cara
Bailo al ritmo de cualquier son…
Sin embargo, en momentos así
Surge mi duda y mi dolor.

No me acuséis, no me miréis
No me convirtáis una vez más
En vuestro escape y evasión.
Mirad y buscad en vuestro interior.

Hoy, como siempre en mi vida
Prefiero vivir así; disfrazada de color
Con un volcán de sentimientos en mi interior
¡No como vosotros tristes seres grises
Que no sabéis sino acusar!
                                                  Ane08

Caminos de vida

 
 
 
 
 
Serie Foto-poesia 2- Aportación a las fotografias de mi buen amigo Hopes.
 
 

Caminos de vida

Una vez más aquí, con necesidad de ti
Una vez más frente a mi indecisión,
Una manera sencilla de discurrir
Frente al dolor de la imposición.

Y me lo muestras tú, fuente de vida,
Y me lo muestra él; con su pasión.
Todos huimos de la caída
Más tú, la muestras con ilusión.

Enséñame, Madre Natura,
Enséñame, sin dilación,
Que a mi mente le saturan
Sinsabores de toda condición.

Tú te lanzas ingrávida al vacío
sin miedo alguno al dolor.
Yo, miro impávida ese negro quicio,
Pequeño paso sin ningún color.

Puerta abierta desde el presente
Que me invita a arriesgar;
A atravesarla sin tenerte,
A buscarte en ella, sin cesar.

Dime Madre Natura, dímelo tú,
son tus gotas lágrimas de pena
ó, por contra, risas de color…
                                        Ane08

Templanza acuática

 
Serie foto-poesia 1- Aportaciones a las fotos de mi buen amigo Hopes
 
 

Templanza acuática


Y por fin encontró respiro después de deambular por toda la ciudad; adivinó un pequeño estanque que regalaba su agua, en donde un pequeño no cejaba en el intento de atrapar con frescura y alegría aquel escurridizo agua.


Juan no pudo más, dejando sus zapatos a un lado se entregó a la templanza del elemento. Era injusto, lo sabía, no podía soportarlo más; el agua, con su equilibrado borbotear iba organizando sus pensamientos, iba poniendo orden a esa vida que él hasta ahora no había querido afrontar.


La decisión estaba tomada; hoy prepararía una cena especial, buscaría una película que suavizara aquello que le quería contar y…sería libre para siempre, libre para poder vivir sin más.
                                                                                                                                                      Ane08

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Templanza acuática

Sentimientos ofuscados,
pensamientos que no van
que se estancan en mi mente
sin dejarme avanzar.

Busco, pierdo, ansío y vuelvo
a tu falta en mi caminar
calentando mi templanza
me desplomo un día más.

Quiero sentir la frescura
del agua al brotar
de aquella fuente dichosa
que ayudó mi divagar.

Sentir la humedad de sus gotas
y con ellas enmascarar
las lágrimas que a partir de hoy
por ti no brotarán jamás.
                                          Ane08

Tibieza en el ambiente

 
Serie foto-poesia 7 – Aportaciones a las fotos de mi buen amigo Hopes
 
 

TIBIEZA EN EL AMBIENTE

 

Tibieza en el ambiente

necesidad en mi interior

juntándose con tu deseo

provocan esta pasión.

 

Acerco mi cuerpo al tuyo

transmitiéndote mi calor

buscando que apartes el rabo

indicándome tu aceptación.

 

El pequeño mira curioso

este ritual del amor

de nada nos avergonzamos

pues educarlo es nuestra labor.

 

La vida engendra vida

el amor reclama pasión

nuestro retoño ejemplo vivo

del resultado de nuestro Amor.

 

Mira, mira pequeño, y

aprende una vez más

cómo debe jugarse

al duro juego de la Pasión.

                               Ane08