Falta de Fé y Ambición

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FALTA DE FÉ Y AMBICIÓN

Qué terrible descubriento
cuánto dolor, cuánta agonía…
sentir la impotencia de nuestra fé,
de nuestra ambición, su sufrimiento.

Quiero padecer el castigo
de amarte sin olvido,
quiero lamentar el sinsentido
de no poder estar contigo.

¡Fé!, ¡Ambición! por todos aclamados
pareciera que con ellos todo viene dado…
a mi me abandonastéis a mi suerte,
y todo por luchar para tenerte.

Soñar, obsesionarme, atormentarme…
vivirlo con pasión es anhelarte,
tenía fé, tenía ambición, tenía amor con mesura
hoy todo ello sólo dió paso a la locura.

Soltar amarras

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  SOLTAR AMARRAS

 

Blanca noche,

oscuro deseo se apodera de mí…

 

Según se acerca la hora,

siento tu presencia

Percibo tu pasión y

surgen de mi interior

Las ganas de vivir…

 

Tú me enseñaste la fuerza del deseo,

con tu pasión

Tú te encargaste de despertar mi locura

Hasta ahora presa de mi razón.

Tú colocaste ante mí,

la Vida en su esplendor…

 

Me gusta vivir,

me gusta sentir

Me gusta gozarte y

disfrutarte dentro de mi.

 

Quisiera soltar amarras y volar a tu lado

Quisiera ser valiente y de nadie depender

Mas la duda me aprisiona y

La razón me sabe contener…

 

Llegó el alba

Y con ella la luz

El sentir dejo paso al pensar,

Llegó la hora de marchar.

 

 

                                     Ane08

 

 

 

PRELUDIO

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PRELUDIO

Me gustaría gritar y cantar a la noche,

me gustaría soñar sin que el sueño acabase,

me gustaría sentir que tu presencia es mi norte,

más la noche es oscura y de ella escapaste.

 

Me gustaría encontrar el sentido a lo nuestro

pero ello es buscar el color de la risa,

me gustaría contar con tu pecho  alabastro,

pero el silencio lo torna en merengue de fiesta.

 

Te busco, mi  amor, pero ya no te encuentro

te necesito , lo sabes,  pero no te das cuenta

demasiado cambio, demasiado reproche

demasiadas historias, cerremos la puerta.

 

Te gustaba jugar a encontrarme entre la gente

me gustaba sentir que era para ti diferente

te gustaba leer mi mirada perdida

imaginar mil historias que vivir en el día.

 

Hoy los ojos se encuentran pero ya no hay miradas

hoy la gente acompaña más no nos perdemos en ella

hoy el  sueño  agotado se ve suplantado por el cansancio del día

hoy, amor mío, la noche no deja historias pendientes a la vida.

(19 de Marzo de 2008)

Desencuentro

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DESENCUENTRO

Vienes y vas,

subes y bajas,

no cesas en tu afán.

Me tienes donde quieres;

mas no por ello te das.

 

Estaba a tu lado,

 te abrí mi corazón.

Pero el tuyo… El tuyo,

muerto de miedo

huyó.

 

Palabras medidas

sentimientos aturdidos,

manos que se rozan,

instintos avivados.

 

Me buscas, me provocas

lo logras, mas te escondes

¿A qué juegas, amigo?.

Mejor; adiós.

 

 
 

Siempre fue matrix

Otoño…, ocres y marrones entrelazados a una con mi añoranza y mi dolor. Los tonos pausados de esta época post-estival acentúan mi necesidad de ti. Las hojas verdes y lozanas de los árboles situados frente a mi cama se tornan amarillas y van caducando frente a mí, al modo como lo hizo nuestro amor.  

El frío de esta mañana de domingo me recuerda que incluso el deseo más ardiente cíclicamente tiende a templarse, a serenarse, a dormir y aletargar que no morir, puesto que dentro de mí se revela como verdad innegable la certeza de que la primavera volverá. Es probablemente este pensamiento el que me obliga a levantarme y colaborar a que la Naturaleza siga su curso.

Tras un día anodino, rebosante de cotidianeidad decido concederme una pequeña parcela de intimidad aunque ésta sea rodeada de gente, allá donde la soledad se hace más irritante pero la intimidad se valora sobremanera. 

Doy a la aburrida chica de la ventanilla los seis euros de rigor a cambio de esa pequeña parcelita para mí. La película es lo de menos. Que decida el azar. El sitio ya no. Ese lo elijo yo. Prefiero perderme entre las filas de atrás pero en la zona de la izquierda (siempre la izquierda, lugar por excelencia del frágil corazón). 

    Comienzan los susurros, los sonidos inconfundibles de los besos robados en la oscuridad. La compañía ya está funcionando de fondo. Me concentro entonces en vivir más intensamente esa intimidad buscada, dejo rodar una lágrima por mi mejilla. Nadie me ve. Desahogo final de un día en donde la añoranza y el recuerdo quisieron instalarse como compañeros de viaje. Por fin los dejo fluir. Abro el bolso y saco un pañuelo con el que enjuagarlas. Y cuando levanto la cabeza…en plena penumbra me parece observar tu perfil. No, no puede ser, todo me habla hoy de ti, todo se empeña en que te recuerde, no han sido suficientes las lágrimas derramadas. El recuerdo sigue habitando en mí…, incluso en aquella maldita película elegida al azar para distraer mi mente. 

…Y surge el poder del corazón, se hace presente en mí la magia del cine: 

Observo sorprendida a mi alrededor y soy yo la que me encuentro en el asiento trasero de aquel coche. Tú estás a mi lado. Son tus ojos limpios y brillantes los que me suplican, como aquella primera vez, que no matara tus ganas. Buscabas siquiera un pestañeo para poder interpretarlo como un asentimiento. Y fueron precisamente  mis ojos los que consintieron. Se cerraron y me entregué.

Al momento sentí tu entrecortado respirar cercano a mí. Ansiabas mis labios pero no sabías si regalarme antes los oídos. Optaste por esto último “perdóname por lo que voy a hacer” fueron tus únicas palabras y al momento tus temblorosas manos cogieron mi cara y la llevaron hacia tí. Fue un beso que consiguió detener de golpe todo un largo ciclo de agonía, de indecisión, de miedo y de dolor. Estábamos allí. Tus labios sobre los míos, tus manos temblorosas aún, ansiaban  recorrer mis cabellos y yo necesitaba abrirme a ti. Labios en contacto y lenguas indecisas y deseosas. Primer encuentro, escalofríos descendiendo por nuestras columnas vertebrales, estremecimiento compartido y en ambos surge la necesidad de corroborar la no ficción de aquél momento. Sí, estás ahí, mis ojos se vuelven a encontrar con los tuyos. Esta vez no hay interrogación, no hay miedo, hay deseo, hay pasión y lágrimas. Lágrimas de amor en los ojos de los dos. Y de nuevo tu boca sobre mi orejilla diciéndome “Te Amo, hoy lo sé, te amo y te deseo”. Seguidamente tus labios se deslizan por mi cuello, en donde depositan con dulzura uno y mil besos que obligan a mi cuerpo a reaccionar. Te quiero y busco el encuentro con tu cuerpo. Esta vez es mi boca la que explora tu cuello y mordisquea tus lóbulos. Besos húmedos, caricias cada vez más correspondidas iniciando así un baile acompasado por una música que sólo tú y yo oímos. Es una música que nos surge de dentro. La escribimos juntos; tú y yo, el Deseo y el Amor. Son nuestras respiraciones, son nuestros gemidos los que poco a poco nos van preparando para ese momento mágico del descubrimiento primigenio de nuestros cuerpos. Tus manos esculpiendo una a una todas y cada una de mis curvas de mujer. Las mías enredadas en ese bello valle que es tu torso. Tu boca en mi secreto de mujer consigue  que mi cuerpo se estremezca y contorsione cual reptil en pleno desplazamiento. No puedo más, siento que no es momento de contenciones y dejo que todo mi placer fluya para ti.

No lo puedo evitar y sonrío, te sonrío. Una sonrisa sincera y nacida de las entrañas. Una sonrisa que se ve acompañada por el brillo y deseo de tus ojos. No, no se acabó. Soy para ti, tú eres para mí, y te lo hago saber recorriendo esa parte de ti que parece tener vida propia. Ella reacciona para mí, reacciona conmigo y por ello se ve recompensada con mis mejores besos a la par que la dedico las más mimadas de mis caricias.

Llegó el momento. Ambos los sabemos. La música de fondo que hasta el momento componían nuestros cuerpos ha ido fraguando y componiendo una desgarradora melodía y ahora estamos ante un maravilloso ‘in crescendo’ final realmente rotundo. Llegamos al cenit de nuestra endiablada danza compartiendo una intensa descarga y dejando la visión de nuestros cuerpos entrelazados; mis piernas se anudan a tu contorno, tus brazos me acogen en ese torso que tanto me llena dejando que repose mi cabeza en él.

Miradas cruzadas una vez más, sonrisas plenas y un “GRACIAS” casi simultáneo como única reacción… 

Ruidos de sillones al doblarse, lloros furtivos, risas, comentarios entremezclados sin ningún sentido en mis oídos, luces que se encienden de repente. Gente levantada de sus asientos charla animadamente. 

Desconcierto, descoloque. Miro a mis alrededores y sí, estaba en lo cierto. Allí, en las filas del centro de la sala, siempre te gusto el centro (lo correcto, no decantarse…), allí estás tú. Te estás levantando y pareces desorientado, buscas como no sabiendo qué. Nuestras miradas se cruzan. Sorpresa, miedo dolor.  

Finalmente, sonrisas simultáneas una vez más. Tímido y medido acercamiento. Una sola palabra cruzada entre los dos: “GRACIAS”.

Carta de Amor (Febrero 2008)

Necesidad imperiosa de movimiento, siento que no he de parar, que he entrado en esa espiral de actividad inmediata a un momento de stress extremo y previa a la caída a la negrura de la depresión.  
 
Necesito moverme, necesito quemar y canalizar de alguna manera toda esa energía en ebullición a punto de rebosar y de dejarme con una enorme sensación de vacio.  
 
Varias son las alternativas, pero opto por una muy de ‘andar por casa’; voy a ordenar las temidas y habitualmente evitadas baldas de mi armario, a ver si eso ayuda a ordenar mi mente también. 
 
Quiero comenzar por los cajones pero se me resisten ya que supone un gran ejercicio de análisis y síntesis; observar todas las prendas, seleccionar qué quedarme y qué tirar y después encima ordenarlas según me sean más prácticas o más utilice o aquellas que no…¡¡Demasiadas analogías para comenzar!!. Lo descarto y opto por iniciar mi catarsis particular con los ‘cuelgas’, es más sencillo ya que con aquello que no me sirve o me es un tanto inútil, pero de lo que aún me cuesta desprenderme , siempre puedo dejarlo bajo otra prenda (de hecho me estoy dando cuenta que últimamente le he cogido cierto gustillo a esto de "superponer").  
 
De este suave modo me voy iniciando, me voy exigiendo cada vez un poquito más; ya no puedes superponer más, necesitas desprenderte de algo… y es así cómo llego a esa ‘siempre-evitada’ balda. La miro y no me atrevo a tocarla aún. La esquivo y voy a otro apartado de mi armario, no obstante hay algo que irremediablemente me lleva a ella, me atrae.  
 
Hago la primera incursión y aparece aquel jersey que tejió un día la madre de una inolvidable amiga, amiga de adolescencia, compañera de los primeros juegos peligrosos y cómplice de aquellos primeros sentimientos confusos. Lo tomo en mis manos, lo llevo hacia mi cara y no puedo evitar olerlo con profundidad. ¡¡Uhmm qué avalancha de imágenes se agolpan en mi mente…cuantas risas mezcladas de llantos..!!  
¿Qué será de ti hoy amiga?, nos seguimos llamando por los cumpleaños, quedamos con todos los de aquellos tiempos de vez en cuando…pero ¡aquellas confesiones!, ¡aquellas miradas en silencio!, donde cada una sabía lo que la otra le quería pedir o transmitir, han desaparecido y sin embargo hoy siento que necesito saber de ti….  
 
Dejo el jersey a un lado porque de nuevo otro objeto concentra mi atención, al sacar el jersey de la balda un pequeño cofre de madera ha resbalado de encima de un fajo de cartas…Lo alzo y abro un tanto confusa ya que si bien debiera recordar qué metí hace tantos años en él, también sé que hubo un momento que me quise encerrar allí, con todo aquello que guardé.  
 
Allí estaba, rodeado de pendientes sueltos, restos de collares y pulseras rotas, mechones de pelo enlazados. Allí estaba aquel billete de autobús de largo recorrido. Largo fue el camino hasta llegar a aquel ansiado destino, largas fueron las horas de espera ante aquella institución y más largos aún se me hicieron aquellos minutos en los que yo estando fuera, en la puerta, esperaba verte aparecer con tu blanco uniforme.  
 
Saliste entre muchos otros, todos vestidos igual, todos con la alegría del bien merecido permiso en la cara pero yo percibí algo más en ti. Aquella mirada cristalina reflejaba una gran inquietud, un profundo deseo. Deseo que de seguro, si hubiera tenido un espejo enfrente hubiera observado también en mí.  
 
¡Por fin!, por fin llegó nuestro momento, aquel deseado y temido momento de dejar de utilizar las palabras para comunicarnos y dejar que fueran nuestros cuerpos los que hablaran.  
Nos falto tiempo, no había obstáculo que aquella mediodía no hubiéramos salvado, era la fuerza de la naturaleza, el ansia de la vida la que se había apoderado de nuestros cuerpos, de nuestras mentes, de nuestras vidas.  
Una triste habitación, una insulsa cama, qué más daba…si todo lo que necesitábamos lo teníamos dentro de nosotros… Tus ojos…no los puedo olvidar…se me presentan una y otra vez al mirar ese billete de autobús…  
La torpeza de tu mano luchando contra mis abotonaduras, mi falta de destreza desabrochando cinturones ajenos, aquel maldito tirante que no acababa de quererse deslizar de mi cuello…producto todo ello de nuestro deseo de amar y ser amado.  
 
Aún puedo sentir aquella temblorosa mano acercándose tímidamente a mi pecho, como buscando consentimiento, la mía acariciando toda tu espalda (e intentando traerte hacia mi…). Primer contacto desnudo, descarga eléctrica en todo mi interior, deseo más encendido aún…pero aún así acercaste tus labios a mi oído y me susurraste un inolvidable “te amo” y un no menos inolvidable “te deseo” . A continuación buscaste mi boca y nos fundimos en un interminable y cada vez más apasionado beso.  
Aún puedo sentir la carnosidad de tus labios humedecidos deslizándose por mi cuello, buscando mis pechos, jugando con ellos y llevándome al éxtasis.  
 
El billete de autobús entre mis manos, mis ojos cerrados intentando no dejar entrar ni un rayo de realidad a esos sueños sacados del pasado y una puerta que se cierra tras de mí.  
Grito, abro mis ojos dejando deslizar el billete de autobús de mis manos hasta el suelo, me giro…y ahí estás tú, mi amor. De nuevo en el quicio de una puerta. Hoy no llevas uniforme blanco sino tu ropa de trabajo, hoy tu cabello deja relucir alguna incipiente cana pero aún así, vida mía, te has fijado en lo que tenía entre mis manos, has sonreído, me has sonreído, y has buscado mi mirada.  
 
Nos miramos fijamente, y sí han pasado ya más de 22 años, muchos los avatares vividos y sufridos, muchos los momentos de desencuentro… pero hoy aquí, desde el suelo y con mis manos aún con gesto de contener aquel papel…hoy junto a esa sonrisa cómplice aún sigo viendo esa mirada cristalina en ti…  
 
Te acercas, me tomas de los brazos y me ayudas a incorporarme llevándome hacia ti. Hoy tus manos no tiemblan, se mueven con destreza. Hoy no tienen un camino que adivinar, es de suma conocido pero se esmeran en reavivarlo. Hoy no hay problemas con las prendas…caen casi solas…Hoy muchas cosas han cambiado…pero no nuestro amor, no nuestro deseo.  
Me acaricias…, te acaricio… e iniciamos un acompasado acercamiento.  
Hoy mi amor, como hace veintidós años atrás…:
 

"Hoy reinventamos el AMOR".

Duda

DUDA

Esa compañera de camino que
no me abandona.
Ella, a quien ni mis más sentidas convicciones
doblegan.
A ti, sí, a ti te digo:
¿Hasta cuándo acompañarás mis sueños?
¿Cuándo dejarás de atormentar
mis momentos de felicidad?

La respuesta la sé:
la respuesta está en mí,
en mi capacidad de hacer
ficción sobre la realidad.

No sueñes, no imagines,
no aspires…
¿Y entonces?
Entonces me doblegará
la muerte.

No, amiga…
querida compañera…
¡sigue conmigo!
¡Alimenta mis días!
que…mientras camines
junto a mí,
me seguiré sintiendo viva.

(15 de Enero de 2006)